Dignidad y control personal en el acto de sentarse
La dignidad se traduce en elección: apoyabrazos para incorporarse sin ayuda, asientos dobles y solitarios para gestionar cercanía, respaldos que permiten respirar hondo, vistas que no exponen innecesariamente. Cuando el mobiliario ofrece control y alternativas, las personas se sienten invitadas, no toleradas, y la estancia se vuelve un derecho cotidiano, no un favor.